" Ya conoces a las termitas, esas hormigas blancas que en África levantan impresionantes hormigueros de varios metros de alto y duros como la piedra. Dado que el cuerpo de las termitas es blando, por carecer de la coraza quitinosa que protege a otros insectos, el hormiguero les sirve de caparazón colectivo contra ciertas hormigas enemigas, mejor armadas que ellas. Pero a veces uno de esos hormigueros se derrumba, por culpa de un riada o de un elefante (a los elefantes le gusta rascarse los flancos contra los termiteros, qué le vamos a hacer). Enseguida, las termitas-obrero se ponen a trabajar para reconstruir su dañada fortaleza, a toda prisa. Y las grandes hormigas enemigas se lanzan al asalto. Las termitas-soldado salen a defender a su tribu e intentan detener a las enemigas. Como ni por tamaño ni por armamento pueden competir con ellas, se cuelgan de las asaltantes intentando frenar todo lo posible su marcha, mientras las feroces mandíbulas de sus asaltantes las van despedazando. Las obreras trabajan con toda celeridad y se ocupan de cerrar otra vez el termitero derruido... pero lo cierran dejando fuera las pobres y heroicas termitas-soldado, que sacrifican sus vidas por la seguridad de las demás. ¿No merecen acaso una medalla, por lo menos? ¿No es justo decir que son valientes?
A diferencia de otros seres, vivos o inanimados, los hombres podemos inventar y elegir en parte nuestra forma de vida. Podemos optar por lo que nos parece bueno, es decir, conveniente para nosotros, frente a lo que nos parece malo e inconveniente. Y como podemos inventar y elegir, podemos equivocarnos, que es algo que a los castores, las abejas y las termitas no suele pasarles. De modo que parece prudente fijarnos bien en lo que hacemos y procurar adquirir un cierto saber vivir que nos permita acertar. A ese saber vivir, o arte de vivir si se prefiere, es a lo que llamamos ética."
Miguel Delibes es un ejemplo claro de unión perfecta entre el mundo personal y vital del autor y su propio mundo creativo. Todo cuanto escribe refleja con exactitud y precisión su propia experiencia personal. Y es precisamente debido a esto por lo que se le conoce como el "Novelista de Castilla". Tanto sus novelas, como sus libros de caza y artículos periodísticos, son un retrato fiel de las tierras y los hombres de su Castilla natal. A través de sus escritos, entabla una relación personal con el medio rural castellano. "Si el cielo de Castilla es alto es porque lo habrán levantado los campesinos de tanto mirarlo" Ya siendo director del diario "El Norte de Castilla" adopta una postura crítica claramente a favor del mundo rural castellano, lo cual le hace entrar en conflicto con el régimen político reinante. Esto le obligará a dimitir de su cargo directivo en 1963. Utiliza cuantas armas pacíficas dispone para denunciar la postración en la que se encuentra el campo Castellano y no duda en recurrir a la propia literatura. Fruto de esta actitud crítica surgirá su novela Las ratas (1962). Y Delibes es consecuente con cuanto escribe, vive conforme al mundo literario creado por él mismo. A pesar de la gloria alcanzada, vive rodeado de costumbres y rutinas que lo atan a su querida Castilla: usa a menudo boina, cazadora y botas, fuma tabaco negro hecho a mano y gusta de expresarse con giros propios de la tierra. "Pasé la vida disfrazándome de otros… Veía crecer a mi alrededor seres como el Mochuelo, Lorenzo el cazador, el viejo Eloy, el Nini, el señor Cayo, el Azarías, Pacífico Pérez, seres que eran yo en diferentes coyunturas… Ellos iban redondeando sus vidas a costa de la mía… Ellos son, pues, en buena parte, mi biografía".
Educar es lo mismo que ponerle un motor a una barca. Hay que medir, pesar, equilibrar... y poner todo en marcha. Pero para eso uno tiene que llevar en el alma un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta, y un kilo y medio de paciencia concentrada. Pero es consolador soñar, mientras uno trabaja, que ese barco -ese niñoirá- muy lejos por el agua. Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hasta islas lejanas. Soñar que cuando un día esté durmiendo nuestra propia barca, en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada.
Patio de naranjos, donde habitan los sueños Donde la luna lunera Brilla en el cielo con luz de diamante “arropaita” por estrellas
y todavía guardo en mi huerto un limonero y sus espinas un rosal y dos naranjos una centenaria encina y que por darle al vientro trabajo han dejao que en sus ramas aniden dos golondrinas
El viento, el viento, el viento Y se ha propuesto desvelarme Cuando mas a gusto estaba soñando con tus besos.
El viento, el viento y este puto viento Se me ha metio por mi alcoba Y atraio aquel perfume que maltrata mi recuerdo
Y si aun no te quisiera tanto Que yo mismo me espanto Y me aferro y al tiempo y al olvio Y me lleno de clemencia y de impaciencia De una pena, penitencia De imprudencia, de impotencia, aay Por no caer en tu vacio.
Patio de naranjos, donde habitan los sueños Donde la luna lunera Brilla en el cielo con luz de diamante “arropaita” por estrellas
y se me fue la cabeza, se me fue creyendo que el amor me daba una oportunidad no quise darme cuenta, no quise comprender llegué hasta a confundir la ficcion y la realidad
y se me fue la cabeza, se me fue apenas obtuvimos lo que hoy pesa el amor he visto por momentos mi ilusion envejecer soy desafinamiento sin un afinador
se me fue la cabeza, se me fue que pena que un intento se me quede en el intento de momento yo estoy vivo y de momento vivo muerto en medio de tu océano soy barco de papel
y se me fue la cabeza, se me fue a donde acunaran el impreso de tus besos soy patio de naranjos donde habitan los sueños soy una letania borrosa en un papel
se fue……….
Cuando pases por mi patio, ten cuidao con las enredaeras Que treparon tantos años por el verde y blanco que vestia mi azotea
buscame, buscame donde se apareen los gorriones donde el mar tiña de azul de por vida su escalon y de los años su baul donde el color de las flores sea paisaje sin fronteras donde sueñen los amores al llegar la primavera.
Tuvo que ser un poeta el que un día de incierta memoria llamó a Cuenca La Venecia del aire. Y es que sólo los poetas son capaces de hacer que las palabras digan más de lo que en apariencia dicen. Los poetas y, también, algunos pintores: esos que saben que para reflejar el mundo hay que inventarlo de nuevo, y que en el trazo de la mano caben secretos sueños de formas, volúmenes y colores. Cuenca, sí, es única. Tanto que parece una ilusión imaginada por los sentidos.